No sé qué escribir, ni cómo. Hoy en clase he leído una frase que me ha parecido muy... sorprendentemente acertada: Si no sabes dónde vas, no importa el camino que elijas.
Te escribo para decirte que no soy capaz de estar a tu lado sin mirarte, que no soy capaz de pensar en ti sin echarte de menos, ni de sentir que algo me falta cuando me encuentro solo ante el espejo.
Es la verdad, lo siento. Sé que tú... bueno, no importa lo que yo sé, porque lo que sé y lo que mi corazón se permite sentir son cosas diferentes.
Me preguntaba... si alguna vez habías tocado una piedra de fuego que helara. Eso es lo que siento yo cuando estoy contigo, una piedra de fuego, que me aviva el alma y el corazón, pero que me hiela, y me encuentro incapaz de moverme con libertad... porque todo lo que quiero es poder quedarme eternamente a tu lado, poder acompañarte en tus risas y abrazos, pero sobretodo en tus lágrimas y tus caídas.
No sé qué tienes, no sé por qué me haces sentir así... sé que sea lo que sea, nace en tu sonrisa. Lo sé, porque cada vez que te veo sonreír me olvido de respirar y de quién me mira. Sé que es muy difícil, pero eso nunca me ha parado antes, siempre soy fiel a lo que me dice mi corazón, no porque piense que así nunca me equivoco...sino porque siento que así nunca tendré de qué arrepentirme.
¿Sabes? Soy una persona muy dada a sufrir, me ilusiono y me enamoro con mucha facilidad, de forma muy intensa, y vuelo, vuelo alto, muy alto, casi rozando el cielo... y luego suelo caerme sin paracaídas, suelo fracturarme varios huesos, suelo romperme en varios trozos y rajarme el corazón. Así soy yo.
Pero sabes.... no sé por qué tengo la sensación, que si hoy me cogieras entre tus brazos y rozaras mi labios con un beso... pensaría que todo ese dolor que he vivido ha valido la pena.
Eso eres para mi. Ya no me conformo con decirte que me gustas, la verdad es que me encantas.
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