Ayer fue un día triste, un día muy oscuro. Hubo heridas, abiertas; hubo recuerdos, hubo dolor... y al mundo le dije adiós.
Le dije adiós al mundo entero, aunque tan sólo será un hasta luego. No quiero hablar con nadie, no quiero escuchar los estúpidos consejos de siempre ni las palabras de aliento que sólo hacen que acrecentar mi dolor. No quiero dar pena, no quiero que la gente esté encima de mi ni se preocupe. Se agradece, a uno le hace sentir mejor... pero no es lo que quiero ni lo que necesito.
Necesito tiempo para mí, para pensar, para sentir, para quitar la nube que flota en mi mente... pero parece que sólo tiempo no va a ser suficiente. Aunque esta vez parece que no voy a tener nada más.
Se me han ido las ganas de todo, de salir por ahí, de jugar al ordenador, de hacer los trabajos de la universidad... y lo peor, lo que indica que realmente algo va mal.. se me han ido las ganas de tocar la guitarra. No me apetece ni componer ni tocar.
Al menos... tampoco me apetece llorar. Es como si me hubieran cogido el corazón y lo hubieran helado para después arrancármelo del pecho y dejarme así, con vida pero sin pasión por nada, sin ganas de nada. Apático.
Ella no sabe el significado de las palabras. Ella no sabe el significado de los actos, de las promesas y de lo que significa amar de verdad. Ella cree que lo sabe... pero sólo ha tocado el borde con la punta de los dedos.
Le queda tanto por aprender, le queda tanto por enseñar, le queda tanto... tanto... para darse cuenta de lo que hay en realidad...
Y no puedo odiarla, ni dejarla de amar. Duele, es cierto, pero lo que hay es lo que hay.
Dame fuerzas, señor, porque yo soy muy débil.
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